Campus Digital

CURSO DE ARQUEOLOGÍA Y PREHISTORIA
Dr. Alvaro Higueras


Sesión 0: ¿Que es la arqueología?

Lectura sobre teoría y método en arqueología

What is the Archaeology of Chiefdoms About?
Robert D. Drennan. In Metaarchaeology, L. Ember ed., pp. 235-256. Kluwer Academic Publishers. © R. Drennan & Kluwer.

[from the Abstract]

The words "method" and "theory" are used by archeologists with a variety of different meanings.  They are often combined into a single phrase, "method and theory," which indicates and engenders conceptual confusion over what are ends and what are means in archeology.  There are important practical reasons to take understanding human sociocultural change as the ultimate objective of archeology and to reserve the word "theory" to refer to fundamental principles concerning sociocultural change. Such a stance leaves much that archeologists have often referred to as theory in the realm of method, and provides a continual reminder of what our ultimate aims really are.  It precedes the onanistic view that archeology is not the science of long-term sociocultural change but rather the science of material culture remains from the past.  Several studies of chiefdoms illustrate how easy it is to get confused in this regard (with even the best of intentions) and consequently to fail to make as much progress as we could toward clear understandings of sociocultural change.

[extract, pp. 253-254]

To give the name theory to statements about where the oldest known maize occurs is to confuse ourselves about the nature of the fundamental principles of our discipline. To give the name theory to "middle range theory" (Binford 1977) or "reconstruction theory" (Schiffer 1988) (meaning the principles according to which we interpret the archeological record so as to reconstruct social facts from it) is perhaps accurate in the "why we do it the way we do" sense of the word theory, but it skirts a dangerous misunderstanding.  Such "theory" is not simply less general than theory involving processes of social change; it is a qualitatively different kind of thing (cf. Schiffer 1988:463).  It is already too easy to be lulled by the difficulty of making social reconstructions from the archeological
record into a sense of having accomplished more than we really have.  Calling the principles of making archeological reconstructions "theory" (middle range or otherwise) is too likely to be taken as a statement of fundamental principles of the discipline.  If this is the perspective from
which we approach archeology, then its ultimate aims become, not understanding the process of social change, but rather understanding the material culture remains of past societies, and we are doomed to
simply using whatever understandings of social change scholars in other disciplines can arrive at to explain our artifacts or monuments.  In such a mode we cannot improve those understandings of the processes of social change.

It is no solution to argue that archeologists can have many different kinds of goals, all equally valid and complementary, and that to try to set one above another is "intellectual fascism" (Schiffer 1988:478).
According to this view "any theory can function as method, depending on context" (Schiffer 1988:463).  Such a view is at best a prescription for confusion and lack of focus in contributing to what many agree is the
ultimate aim of archaeology -a lack of focus illustrated in the chiefdom studies discussed above.  At worst, this view leads us in logical circles as theory about social change is used as a method for interpreting the archeological record, and the social facts so reconstructed are later used to argue the validity of the theory upon which the reconstructions were based.  Renfrew (1986:7) has provided a particularly clear discussion of the dangers of such circular reasoning in considering interactions between developing complex societies.

 

[del resumen]

Las palabras "método" y "teoría" son utilizadas por los arqueólogos con una variedad de diversos significados.  Estas se combinan a menudo en una sola frase, "método y teoría", que indica y crea confusión conceptual sobre cuáles son fines y cuáles son medios en arqueología.  Hay razones prácticas importantes para tomar el comprender el cambio sociocultural humano como el último objetivo de la arqueología y de reservar la palabra "teoría" para referirse a principios fundamentales referentes a cambio sociocultural.  Tal postura deja mucho de lo que los arqueólogos han referido a menudo como teoría en el reino del método, y proporciona un memento de cuáles son realmente nuestros últimos objetivos.  Esto precede la visión onanística [sic] que la arqueología no es la ciencia del cambio sociocultural en la larga duración de la humanidad pero la ciencia de los restos de la cultura material del pasado.  Varios estudios de cacicazgos ilustran lo fácil de confundirse [en esta dicotomía] (aun con la mejor de intenciones) y por lo tanto no pueden contribuir todo lo posible para una mejor y más clara comprensión del cambio sociocultural.

[extracto, pp. 253-254]

Darle el nombre teoría a las premisas del lugar de origen del maíz más antiguo es confundirnos sobre la naturaleza de los principios fundamentales de nuestra disciplina.  Darle el nombre teoría a la "teoría de rango medio" (Binford 1977) o a la "teoría de reconstrucción" (Schiffer 1988) (significando los principios según los cuales interpretamos el registro arqueológico para reconstruir hechos sociales de ellos) es quizás correcto en el sentido de "porqué lo hacemos de la manera que lo hacemos" de la palabra teoría, pero generamos un serio malentendido.  Tal "teoría " no es simplemente menos general que la teoría que implica procesos del cambio social; es una cosa cualitativamente diferente (cf. Schiffer 1988:463).  Es ya demasiado fácil ser sosegado por la dificultad de hacer reconstrucciones sociales a partir del registro arqueológico y llegar a sentir haber logrado más de lo realmente hemos cumplido.  Llamar los principios de hacer reconstrucciones arqueológicas "teoría " (de rango medio o de otra manera) es demasiado probable de ser tomada como una declaración de los principios fundamentales de la disciplina.  Si ésta es la perspectiva con la cuál nos acercamos a la arqueología, entonces los objetivos últimos se convierten, no en entender el proceso del cambio social, pero en entender los restos de la cultura material de sociedades pasadas, y nos condenan a simplemente usar cualquier conocimiento que logren los investigadores del cambio social en otras disciplinas para explicar nuestros artefactos o monumentos. De este modo no podemos mejorar la comprensión de los procesos del cambio social.

No es ninguna solución argüir que los arqueólogos pueden tener diversas clases de objetivos, todos igualmente válidos y complementarios, e intentar dar más importancia a uno sobre otro es "fascismo intelectual" (Schiffer 1988:478).  Según este punto de vista, "cualquier teoría puede funcionar como método, dependiendo del contexto" (Schiffer 1988:463).  Esta opinión es en el mejor de los casos una receta para crear confusión y falta de enfoque en contribuir a lo que muchos consideran es objetivo último de la arqueología -la falta de enfoque ilustrada en los estudios de cacicazgos discutidos arriba.  En el peor de los casos, este enfoque nos conduce en círculos lógicos mientras la teoría sobre cambio social se utiliza como método para interpretar el registro arqueológico, y los hechos sociales que se hayan reconstruido se utilizan más adelante para discutir la validez de la teoría sobre la cual las reconstrucciones fueron basadas.  Renfrew (1986:7) ha proporcionado una discusión particularmente clara de los peligros de tal razonamiento circular en la consideración de interacciones entre sociedades complejas en proceso de desarrollo.