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CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

Cochabamba, Bolivia, fue hogar de muchas de las culturas arqueológicas más tempranas de Bolivia, y más tarde, región de desarrollo de una serie de complejos arqueológicos muy distintivos. Las poblaciones prehispánicas de esta fértil región se relacionaron, en tiempos diferentes, con dos de las entidades políticas más grandes de los Andes prehispánicos: la sociedad Tiwanaku y el estado Inka. La evidencia arqueológica y los documentos etnohistóricos revelan un esfuerzo inmenso por parte de los Incas para reorganizar el valle y de aumentar la producción de maíz en las ricas tierras de cultivo (Morris, pers.comm; Wachtel 1982). Inspirándose en el ejemplo Inka, los prehistoriadores han postulado una estrategia similar de "verticalidad imperial" en Cochabamba para la sociedad política Tiwanaku unos cuatro siglos antes (Kolata 199á; e.g. Isbell y Schreiber 1978). Hasta la fecha, la evidencia arqueológica existente de Cochabamba no ha sido adecuada ni a la exploración ni al rechazo de esta hipótesis. Mi investigación fue la primera investigación arqueológica sistemática dirigida a examinar las relaciones entre la sociedad Tiwanaku y las poblaciones de Cochabamba que no se sustentó en semejanzas estilísticas en la cerámica para determinar tal proceso. Mi meta era tratar la aplicación los efectos de la sociedad Tiwanaku sobre Cochabamba identificando cambios en el patrón de asentamiento y el uso de suelos asociados a la aparición y desaparición de los materiales de estilo Tiwanaku en la región.

El punto de partida para esta investigación de la prehistoria de Cochabamba durante el periodo Intermedio era la hipótesis de Alan Kolata que el estado Tiwanaku del altiplano, centrado en el sitio de Tiwanaku cerca del lago Titicaca, estableció colonias en Cochabamba para asegurar a acceso a los alimentos y productos de tierras templadas y más calientes, sobre todo el maíz de Alan Kolata. Kolata (199á:269) escribe que Cochabamba fue "el foco de la intensa colonización de Tiwanaku" y que, "Tiwanaku colonizó y luego controló recursos económicos clave de regiones más bajas, tales como el valle de Cochabamba (1992:80).

Pero Kolata (199á:270) concede que: "tenemos poca evidencia primaria para reconstruir la historia de Tiwanaku en Cochabamba." En resumen, el que los materiales de estilo Tiwanaku encontrados en las vertientes orientales de los Andes en el valle mesotérmico de Cochabamba representen verticalidad imperial -- en vez de otras formas de interacción -- ha sido asumido más que probado arqueológicamente.

Para investigar esta hipótesis asumí que si las poblaciones prehispánicas de Cochabamba estaban interesadas en el aumento de la producción agrícola (como para abastecer a  otras regiones) la mayoría de la ocupación estaría localizada de manera a explotar fácilmente los mejores suelos,  es decir, concentrada en áreas de una mayor productividad agrícola. De ello se deriva que si la estrategia del estado de Tiwanaku (o de grupos o segmentos de esta sociedad altiplánica) era la extracción del maíz (Kolata 199á, 1993b), entonces los materiales de estilo Tiwanaku deben ser más densos en las tierras con mayor capacidad de producción agrícola. Para probar esta hipótesis, elegí dos áreas del estudio -- los valles de Capinota-Parotani y de Mizque -- con el objetivo de contrastar condiciones ecológicas y potencial agrícola en dos regiones diferentes. También adopté una aproximación diacrónica al estudiar los asentamiento en estas dos regiones de estudio con el propósito de determinar cambios y continuidad en los patrones de uso de los suelos.

Una hipótesis subyacente en la relación entre sociedades humanas y tierras es que las características de organización de sistemas culturales tienen a la estrategia de subsistencia en la base de sus preocupaciones de adaptación (Blanton 1976; Butzer 1982; Moran 1990; Sanders y Nichols 1988). En el marco de los modos de subsistencia específicos, la distribución de la población y la localización de asentamientos se debe correlacionar directamente con la distribución de los recursos que conducen a una asociación entre las concentraciones de población y las tierras más productivas (Blanton 1976 de la población; Kirkby 1973; Sanders 1968; Sanders y Nichols 1988; Sanders et al. 1979; vea a Crosby 1986). Éste modelo no debe negar que factores sociopolíticos y económicos tienen importantes efectos en la distribución regional de la población y en la creación de patrones del asentamiento que divergen, en algunos casos considerablemente, de la correlación ideal entre asentamientos y los mejores suelos de una región (Hastorf 1992, 1994; Feinman y Nicholas 1990; Kowalewski 1982; Nicholas 1989; Plog 1990a).

Las áreas de prospección de Capinota-Parotani y de Mizque, dos sub-zonas de la región mesotérmico de Cochabamba, presentan condiciones similares de precipitación y temperatura (Figura 1). Sin embargo, son drásticamente diferentes en términos de cantidad de tierra agrícola productiva y en la cantidad de agua disponible a lo largo del año. Para entender la naturaleza de la interacción, si la hay, entre la entidad política Tiwanaku y las poblaciones locales en estas áreas, se necesitaba evaluar la secuencia del uso de suelos y de asentamientos en cada área, y determinarse si las dos áreas de investigación se diferenciaron en su período de pre-Intermedio, así como en la ocupación del Período Intermedio (este último período caracterizado por la presencia de los materiales de estilo Tiwanaku).

Según la hipótesis de la extracción de maíz/colonización Tiwanaku, si la producción de productos agrícolas de los valles para las poblaciones del altiplano fuera una parte importante de las relaciones con la sociedad Tiwanaku, se podría entonces esperar mayor evidencia de interacción con Tiwanaku en el área de Mizque que en la de Capinota-Parotani, a pesar de existir una mayor distancia entre Mizque y el área nuclear de Tiwanaku. Y si las diferencias existieran entre las dos áreas en la densidad del restos de estilo Tiwanaku, necesitaríamos saber, con más detalle, si esta diferencia resultó sólo del potencial agrícola que las diferenciaba, o estaba relacionada de forma más compleja con patrones de desarrollo local preexistentes en cada área.

Para aproximarse a esta hipótesis en un marco verificable, quería que mi trabajo en el campo persiguiera tres preguntas básicas:  (1) ¿Qué sugieren los patrones del asentamiento del período Intermedio sobre las estrategias de uso de suelos en cada área?  (2) ¿Acaso los patrones del excedente periodo Intermedio representan cambios con respecto a los patrones anteriores?; y (3) ¿Cuál fue la herencia del período Intermedio en Cochabamba (es decir, ¿hubo cambios en los patrones de asentamiento y en el uso de suelos en cada área con el ocaso de la sociedad Tiwanaku entre los siglos XI  y XIII d.C.?).

Como parte de la tarea de contestar estas tres preguntas tuve que documentar la amplia evolución de las relaciones entre sociedades humanas y tierras sobre el largo plazo en Cochabamba. Así mi investigación no fue limitada a cuestiones de "Tiwanaku en Cochabamba", sino que documentó la trayectoria a largo plazo de las estrategias de adaptación entre sociedades humanas y tierras en dos áreas ecológicas con rasgos distintos.

Dos líneas de evidencia dirigieron el análisis. La primera era la relación entre el asentamiento y el uso de suelo, basados en el tamaño y la distribución de la ocupación con respecto a suelos productivos y a zonas topográficas específicas. La segunda era la naturaleza y la distribución de los materiales de estilo Tiwanaku dentro de los sitios y entre asentamientos.

Aunque los arqueólogos andinos tienen la costumbre de describir como "cerámica Tiwanaku" cualquier cerámica que se asemeje a cerámica del núcleo en el altiplano, concluí que la mayoría de la cerámica de estilo Tiwanaku que se registró en las prospecciones era hecha localmente en Cochabamba (Bennett 1936; Rydén 1959). El que la mayoría de la cerámica de estilo Tiwanaku no representó un bien comercial traído del altiplano complica la definición de la naturaleza de la interacción entre la sociedad altiplánica y las poblaciones locales. Es aparente que las preferencias estilísticas y los estilos decorativos pueden tener amplia difusión fuera de los lazos comerciales, de la dominación política, y de las colonias. Por otra parte, parece razonable asumir que la distribución del estilo Tiwanaku podría representar la interacción diferenciada (incluso si es indirecta): las poblaciones locales con mayores lazos al altiplano exhibirían mayor uso y préstamo de diseños de estilo Tiwanaku que poblaciones locales sin tales lazos.

Expansión territorial de estados andinos

Los procesos de interacción entre estados centralizados complejos y áreas periféricas han sido analizados a menudo para entender las estrategias de la dominación por los entidades políticas expansivas (Algaze 1993; Conrado 1981; Conrad y Demarest 1984; D'Altroy 1992; D'Altroy y Earle 1985; Doyle 1986; Hassig 1985; Postgate 1992; Sinopoli 1994; Schortmann 1989; Schreiber 1987; Smith 1987; 1990 rígido; Wright 1977, 1982). En la mayoría de casos el análisis de la expansión territorial se hace de la perspectiva de la entidad política dominante, y se concentra en entender los modos del control impuestos a las poblaciones locales.

Una variedad de formas de interacción y de control puede ocurrir para una sola entidad política expansiva. El dominio directo desde el centro era parte del estado Inka y de la forma de gobierno estatal e imperial de Wari, aunque cada entidad política también incorporó a poblaciones por otros medios (Anders 1991; D'Altroy 1992; Earle et al. 1980, 1987; Feldman 1989; Hastorf 1993; Lumbreras et al. 1982; Matos 1993; McEwan 1989; Morris 1982; Morris y Thompson 1982; Moseley et al. 1991; Schreiber 1987, 1992; Wachtel 1982). La forma de dominio indirecto, por ejemplo, se ha considerado por mucho tiempo como una segunda estrategia importante usada por el estado Inka (Hyslop 1986; Julien 1983; Lalone y Lalone 1987; Menzel 1959; Morris 1988; Sandweiss 1992). El rol de las elites locales en casos de dominio directo e indirecto se ha analizado para el valle de Mantaro (Costin y Earle 1989; Hastorf 1990, 1991), el valle de Chillón (Dillehay 1987), y otras regiones. Además, la expansión imperial de Inka ha demostrado haber sido gradual en algunas áreas, por ejemplo en los Andes norteños (Salomon 1986; Earle 1985), y rápida y profundamente innovadora en otras, tales como en el valle de Cochabamba donde la conquista Inka fue seguida por el reemplazo de las poblaciones del valle (Wachtel 1982). En suma, es peligroso generalizar sobre la naturaleza y los efectos de la interacción entre un estado expansivo y regiones provinciales o poblaciones periféricas.

A pesar de varios análisis de la distribución regional de los materiales del estilo Tiwanaku fuera del núcleo de Tiwanaku, las relaciones entre las sociedades locales nativas y la entidad política Tiwanaku se han tratado solamente de manera superficial (Berenguer 1978; Goldstein 1989, 1990a; Isbell 1983; Kolata 1983, 199á; Lumbreras 1981). El análisis de los materiales de estilo Tiwanaku en otras regiones se ha concentrado principalmente en la naturaleza de la colección de artefactos de estilo Tiwanaku en sí mismo (cerámica, textiles, arquitectura), y en reconstruir las relaciones con la capital, más que investigar procesos locales o el contexto local (véase Bermann 1993; Oakland 1993).

Según lo observado previamente, las interpretaciones de la expansión de Tiwanaku en Cochabamba han sido en gran parte especulativas (Browman 1980, 1984a; Kolata 1992, 199á, 1993b), dado el número reducido de estudios arqueológicos en la región (Figura 2; Bennett 1936, 1946; Ibarra Grasso 1965; Ibarra Grasso y Querejazu 1986; Rydén 1954, 1959; Walter 1966). Varios investigadores, incluyendo algunos de los que favorecen un modelo de colonización de Tiwanaku, han precisado la carencia de suficiente información para la reconstrucción de las relaciones Tiwanaku con esta región (Bermann 1989; Goldstein 1989).

Aproximaciones a la interacción interregional

En estudios más recientes, el análisis de la interacción interregional se ha enfocado en el papel de la interacción en el desarrollo sociopolítico de entidades políticas locales. Por ejemplo, los enfoques de la relación entre centro y periferia exploran la transformación social y política de áreas periféricas bajo influencia de una entidad política dominante (Blanton y Feinman 1984; Champion 1989; Chase-Dunn y Pasillo 1991; Haselgrove 1987; Kohl 1987; Wilkinson 1991). En perspectivas anteriores del estudio de procesos de interacción interregional (Price 1978; Renfrew 1986), las consecuencias de esta interacción pueden interpretarse desde la formación de estados secundarios periféricos o de redes de bienes de prestigio a la dependencia económica o la desintegración de estructuras políticas locales.

El uso de los modelos de centro-periferia en arqueología tiene las ventajas de promover la consideración de cambios temporales en la localización espacial del poder (político), un análisis más amplio de las estrategias interregionales de  interacción, y de relacionar procesos económicos locales con instituciones macro-regionales. Por consiguiente, es modelo de centro-periferia, aun con todos sus defectos, ha generado el reconocimiento de la dinámica de doble sentido implicada en la interacción interregional, y anima un tipo de análisis "ascendente", concentrándose en las sociedades locales "influenciadas" como entidades dinámicas de derecho propio, que en algunos casos pudieron afiliarse voluntariamente con los estados dominantes.

Una aproximación con "perspectiva local" en la prehistoria andina (Bermann 1990; 1994; Schreiber 1992) contrasta con la perspectiva "capital-céntrica", común al análisis de la expansión política de sociedades de gran escala. Bermann (1994:11) escribe: "los enfoques "capital-céntricos" son intrínsecamente regionales en su alcance, limitándose a las jerarquías de asentamiento, la distribución y la naturaleza de la arquitectura administrativa, residencias provinciales de la élite...".  Esta aproximación raramente considera la trayectoria de desarrollo local relevante para la interpretación de la interacción porque ven a las poblaciones locales esencialmente como pasivas y homogéneas. Desde esta perspectiva capital-céntrica, la variabilidad regional se considera como resultado de diferencias en modos o de la intensidad de la interacción con la capital, más que como diferencias en la organización local. Acentuar el papel de progresos locales en la dispersión de materiales de estilo Tiwanaku considera a la sociedad Tiwanaku no como una entidad política "invasora", sino como un partícipe del panorama político local.

Parte de la presencia de la aproximación "capital-céntrica" en la prehistoria andina se debe a la confianza en distribuciones regionales de cerámica y otros artefactos para reconstruir lazos sociales y políticos. Aun así, los modelos de conquista o de colonización no se pueden sustentar solamente en la presencia de cerámica importada, y menos aun en la simple presencia  de tiestos en el "estilo" de la sociedad foránea. Como nota Bermann (1994:12), debemos examinar los diversas conjuntos de cerámica del estilo del estado dominante en los sitios de diversos tamaños como un reflejo de diferencias en patrones políticos locales, y no sólo como diferencias de la interacción con la capital.

Fue con la intención de evitar muchas de estas dificultades que en mi estudio adopté una aproximación diacrónica para estudiar los patrones de uso de suelos y de asentamientos. El papel potencial de Tiwanaku en sí se limita a una porción de esta trayectoria temporal; el estado Tiwanaku existió solamente entre el 400 d.C. al 1000 d.C. Por consiguiente, mi investigación no vierte mayores datos en algunos aspectos de la dirección de la interacción entre Tiwanaku y Cochabamba. Así pues, por ejemplo, una alta ocurrencia de cerámica de estilo Tiwanaku en un área de alta densidad demográfica y de buena producción agrícola puede sugerir una "estrategia" de Tiwanaku de interactuar con los residentes de esa área. También es plausible, sin embargo, que niveles más altos de la producción agrícola fueran el sustento necesario para apoyar a sociedades políticas complejas que entablarían las relaciones con los centros políticos foráneos.

Aproximaciones a la verticalidad prehispánica

Los prehistoriadores andinos han visto a la verticalidad como parte intrínseca de la economía y de la organización política de poblaciones andinas prehispánicas (Conrad y Rice 1989). La noción que la gente prehispánica intentó de controlar deliberada y directamente áreas productivas en otras altitudes se deriva en gran parte de narraciones etnohistóricas y de estudios etnográficos de las poblaciones modernas (Brush 1974, 1977; Condarco 1978; Murra 1975, 1985a, 1985b; Oberem 1978). Durante las pasadas dos décadas, la variación interregional en conjuntos de artefactos o en las preferencias estilísticas se ha interpretado a menudo en el marco de diversas formas de verticalidad (Salomon 1985; Stanish 1989, 1992).

El modelo de verticalidad se ha aplicado al entendimiento de las formaciones políticas más grandes del mundo prehispánico, con el argumento que entidades políticas como el imperio de Inka (Dillehay 1976; 1979) y el imperio de Wari (Isbell 1977, Raymond 1992) persiguieron deliberadamente una estrategia de la expansión vertical para explotar los recursos no disponibles en sus regiones nucleares. Estas entidades políticas pudieron haber asumido control o haber dominado los sistemas tradicionales y preexistentes de verticalidad por razones económicas y políticas.

Tiwanaku es una de las entidades políticas prehispánicas más grandes y más tempranas para la cuales se ha propuesto la organización vertical (Kolata 199á). La verticalidad, por lo menos en la forma de colonias a modo de archipiélago, sin embargo, se ha documentado arqueológicamente sólo de forma parcial , como en la expansión de Tiwanaku en el valle de Moquegua, Perú (Goldstein 1989). Aun así, en este mismo caso el papel del sitio administrativo Tiwanaku en relación a asentamientos locales sigue siendo poco claro.

El motivo detrás de la verticalidad se identifica casi siempre como un deseo de explotar directamente recursos agrícolas de zonas no altiplánicas. Debido a esto, cualquier investigación que incorpora el estudio de los patrones de uso de suelos y la producción agrícola se concentra directamente en el meollo de la estrategia de verticalidad. Los patrones buscados en esta investigación, basados en variables tales como productividad del suelo y distribución de asentamientos, son un componente esencial del sistema de verticalidad, que no se ha tratado a menudo arqueológicamente.

Las aproximaciones arqueológicas tradicionales para reconocer la estrategia de verticalidad y sus colonias se han concentrado en estudiar la cerámica de sitios individuales, hacer comparaciones de artefactos a aquellos del altiplano, y de trazar la distribución regional de los estilos cerámicos (Dillehay 1979; Goldstein 1989, 1990; Mujica 1985; Raymond 1992; Stanish 1992). Con estas evidencias, los arqueólogos han intentado identificar la presencia permanente de colonos del altiplano en aldeas nativas locales o los asentamientos multiétnicos (Dillehay 1987; Murra 1975; Mujica et al. 1983:97-101; Stanish 1989, 1992), o aun el usufructo de territorios por varios grupos (Saignes 1986). Como Marcus y Silva precisan (1988), tales aproximaciones todavía no se han demostrado muy productivas en dilucidar la ocurrencia y la naturaleza de este tipo de interacción interregional prehispánicas.

Como una aproximación adicional a la verticalidad (entre otros modelos planteados), este estudio se diferencia de varias maneras de estudios anteriores. Primero, mi investigación se concentró en cambios de la relaciones entre sociedades humanas, tierras productivas y la producción agrícola. En segundo lugar, tomé una perspectiva diacrónica, comparando escenarios del periodo pre-Intermedio y los patrones del periodo Intermedio. Finalmente, combiné la información sobre distribuciones estilísticas y distribuciones de la población en relación al potencial agrícola para así examinar la verticalidad en su característica más esencial -- el acceso directo a las áreas de recursos agrícolas en las tierras bajas de los valles.

Preguntas de la investigación

Las preguntas específicas de la investigación que intenté contestar con la estrategia de prospección eran las siguientes:
(1) ¿Es la ocupación que muestra materiales de estilo Tiwanaku mayor en el área con mejor potencial de producción agrícola? (Mizque) ; (2) ¿Existe una diferenciación en la distribución de materiales de estilo Tiwanaku entre sitios dentro de cada área?; (3) ¿Existen preferencias por localizarse en los mejores suelos dentro de las áreas de prospección durante alguno de los períodos?; y (4) ¿Qué cambios en tamaño de asentamientos y su localización está asociada con la aparición de los materiales de estilo Tiwanaku?

La intensificación de la explotación agrícola no resulta necesariamente de presiones descendentes, de la sociedad dominante, pero puede provenir de las estrategias de unidades doméstica o comunidades para satisfacer demandas de tributo por una élite. Si existían poderosas fuerzas que favorecían la intensificación agrícola y que estuvieran en juego en el período Intermedio como resultado de "estrategias" por la sociedad Tiwanaku o por procesos locales, entonces esperaríamos ver las preferencias de asentamiento en los suelos más productivos.

Por lo tanto, trato como evidencia de la producción intensificada de productos agrícolas la preferencia de asentamiento en los mejores suelos (es decir, una ocupación humana proporcionalmente mayor en los mejores suelos respecto a su proporción en el área de  prospección en su totalidad), la presencia de terrazas en las laderas medias y altas y la construcción de canales.

Modelos para la organización política de los valles de Cochabamba.

Los investigadores que estudian la expansión territorial de estados prehispánicos en los Andes han usado varias líneas de evidencia para abordar el tema. El uso de la distribución de estilos iconográficos y/o de bienes importados es la más débil línea de evidencia de la expansión territorial (Costin y Earle 1989; D'Altroy y Bishop 1990; Hodge y Minc 1990; Oakland 1985, 1992; Smith 1987). Varios arqueólogos han propuesto el estudio de patrones residenciales en un sitio y la identificación de estilos arquitectónicos domésticos como mejor indicador de la afiliación social, étnica, o política (Hastings 1987; Isbell 1991; Spickard 1985; Stanish 1989, 1992). La evidencia más fuerte es la expansión de la arquitectura pública del estado en la forma de centros administrativos, de fortalezas, o de instalaciones agrícolas o productivas (Anders 1991; D'Altroy 1992; D'Altroy y Hastorf 1984; Isbell y Schreiber 1978; Morris 1972, 1986; Schreiber 1992). Estos componentes arquitectónicos han sido particularmente útiles para reconstruir la organización regional de la sociedad Inka y de Wari. Desafortunadamente, estructuras verdaderamente comparables no se han documentado para la presencia de la sociedad Tiwanaku fuera de su núcleo altiplánico. Goldstein (1993), sin embargo, ha propuesto persuasivamente que los complejos de plataformas o plazas hundidas del estilo Tiwanaku representan manifestaciones de un control de Tiwanaku arraigado en esferas ritual e ideológica. No se encontró ninguno de tales marcadores arquitectónicos de control o de lazos ideológicos o políticos durante mi prospección. Más bien mi reconstrucción de la interacción entre Tiwanaku y Cochabamba, por necesidad, se limita a inferencias basadas en cambios en los patrones de asentamiento. Por lo tanto los cuatro modelos esbozados a continuación subrayan aspectos relacionados al uso de suelos y a la distribución de la población.

1. Modelo político de subordinación

La expansión desde un área nuclear se ha reconocido como proceso común en el crecimiento de las grandes entidades políticas andinas (Lumbreras 1981; Isbell 1991; D'Altroy 1987, 1992; Schreiber 1992). Esta estrategia de conquista, acompañada a menudo por un dominio directo de una región sujeta, es caracterizada por un alto grado de control político, y un alto grado de la extracción de recursos de la región dominada. Esencialmente, la región se convierte en una provincia de la entidad política central, con la jerarquía administrativa del estado desplegada en la región.

Las correlaciones arqueológicas para esta estrategia serían reorganización del asentamiento en Cochabamba y el desarrollo de una jerarquía regional de asentamientos con sitios administrativos, residencias de Tiwanaku, y arquitectura pública de estilo Tiwanaku (es decir, templos con plazas hundidas).

Los cambios en patrones de uso del suelo y localización de asentamientos también serían característicos del proceso. Para facilitar la alta extracción de los recursos (agrícolas) se llevaría a cabo una reorganización de los asentamientos para maximizar la producción agrícola, y esperaríamos ver la concentración de asentamientos en los suelos de mejor producción (D'Altroy 1992; Schreiber 1992).

Un marcador arqueológico dominante de este proceso sería una cambio precipitado en los patrones de asentamiento y de uso del suelo, y un aumento en el área de la ocupación de asentamientos externos. Como Schreiber (1992: 28) nota, " una vez que una región se haya conquistado... el foco de las preocupaciones imperiales se vuelca hacia asuntos económicos." Desde la perspectiva del sistema político dominante, la reorganización del patrón de asentamiento facilitaría no sólo la movilización del excedente, sino tendría la ventaja política agregada de desbaratar y obliterar entidades políticas preexistentes o unidades territoriales.

Juzgando por los casos arqueológicos y etnográficos de otras regiones de los Andes, una forma tan extrema de subordinación política (conquista y control directo) será fácilmente visible arqueológicamente. Un ejemplo de ello es la conquista de Wari del valle de Carhuarazo, y los consiguientes cambios en el patrón de asentamiento en la fase de Willka, cuando gran parte de las laderas valle fueron transformadas con andenes y terrazas (Schreiber 1992:260). El énfasis del  estado en la producción del maíz condujo al movimiento de aldeas de elevaciones más altas a elevaciones más bajas y a la zona de kichwa. Cambios similares en el asentamiento se podrían describir para la conquista Inka del valle de Cochabamba (D'Altroy 1992 de Mantaro; Hastorf 1990; Wachtel 1981).

En este modelo, se preveía una ocurrencia extensa de los materiales de estilo Tiwanaku. La cerámica del estilo del estado  sería fabricada localmente como producto de la permanencia a largo plazo del control de Tiwanaku. Si, después del colapso de Tiwanaku, los patrones de asentamiento volvían a asemejarse a los patrones de pre-Tiwanaku, esto proporcionaría la evidencia adicional para un papel dinámico importante de la interacción de la entidad política de Tiwanaku en la secuencia de la evolución del asentamiento prehispánico en Cochabamba.

2. Modelo de verticalidad

La estrategia del verticalidad se ha documentado en fuentes etnohistóricas en poblaciones de la sierra como mecanismo para obtener los recursos de tierra bajas y más cálidas (Murra 1975, 1985a, 1985b; Dillehay 1979; Mujica et al. 1983; Stanish 1992; Raymond 1992). La característica principal de esta estrategia, en su escala más grande, es el asentamiento de colonias, como sitios independientes o en asentamientos multi-étnicos, distribuidos de forma discontinua en diversas áreas ecológicas (Mujica et el al. 1983:97-101; Murra 1975). La identificación arqueológica de la estrategia de verticalidad es una tarea problemática cuando se utiliza cerámica o arquitectura (Marcus y Silva 1988). Sea que una estrategia de verticalidad fue puesta en ejecución por el estado Tiwanaku como parte de una estrategia geopolítica (Kolata 1992), o individualmente por el ayllus del altiplano (Albarracín 1991), este proceso se ha propuesto para explicar la distribución del material de estilo Tiwanaku en Cochabamba.

Dos problemas se presentan en cualquier tentativa de discernir una estrategia del verticalidad Tiwanaku en la región de Cochabamba. Primero, la carencia general de los estudios regionales del patrón de asentamiento que ayudarían a identificar asentamientos "extranjeros". En segundo lugar, los valles de Cochabamba en su totalidad presentan mayor potencial agrícola que los valles andinos occidentales. En estos últimos valles, los suelos agrícolas son restringidos y concentrados, mientras que las áreas agrícolas más ricas de Cochabamba se encuentran sobre amplias áreas.

No hay análogos etnohistóricos existentes de un sistema de archipiélago a gran escala en un medio ambiente con una amplia disponibilidad de buenos suelos agrícolas y de diferencias de altitud significativas. Por lo tanto una estrategia de verticalidad Tiwanaku en Cochabamba representaría una nueva variante de las formas ya documentadas de complementariedad andina (Murra 1975; Salomon 1985).

Stanish (1992:43) distingue varias escalas de las colonias de archipiélago. La escala más grande es una en la cual diversas regiones -- valles individuales pequeños y uniformes dentro de un drenaje más grande tal como el de Cochabamba -- son controladas por diversos grupos étnicos, generando un patrón de variación en los sistemas de asentamiento. En una escala menor, las colonias étnicas distintas serán visibles como diversidad significativa entre sitios individuales. Y en la escala más pequeña, la "multietnicidad" ocurre dentro de un asentamiento individual", que sería caracterizado por barrios discretos con distinciones internas (Stanish 1992:44).

La clave en el análisis de Stanish (1992:45) es entonces si la heterogeneidad "étnica" ocurre a nivel regional, local, o nivel del sitio, y la capacidad del arqueólogo de identificar esta heterogeneidad con "un sistema relativamente constante de indicadores arqueológicos." Por ejemplo, la distribución de colonias (marcadas por el uso de la cerámica de estilo Tiwanaku) debe ser menor que el número de asentamientos locales, debe consistir en conglomerados espacialmente discretos de ocupación, u ocupar posiblemente barrios o secciones de asentamientos más grandes. En cualquier caso, los asentamientos nuevos o compartidos se deben situar en los mejores suelos agrícolas. Debido a que el estilo arquitectónico doméstico no era visible en la superficie de las áreas de Cochabamba que examiné, tuve que confiar en las preferencias de estilo de cerámica doméstica, haciendo la asunción que los grupos étnicos vinculados a Tiwanaku o al altiplano habrían utilizado la cerámica de estilo Tiwanaku.

Debe ser asumido, en un escenario sin interferencias, que los grupos de la sierra habrían intentado establecer colonias en las áreas del potencial agrícola más alto. Naturalmente, esto pudo no haber sido posible. Los asentamientos multiétnicos documentados para algunos sistemas de archipiélago representan una solución cooperativa para compartir el acceso a las tierras deseadas. Un patrón en el cual se localizan asentamientos con materiales de estilo Tiwanaku en suelos de baja calidad podría indicar que la entidad política del altiplano no pudo instalar a colonias en los suelos preferidos y más atractivos. Por lo tanto, el análisis de las relaciones entre estilos y tierras durante el período Intermedio tiene el potencial de explicar la naturaleza de relaciones políticas entre el altiplano y las poblaciones de los valles.

En los pocos casos donde se ha reconstruido una estrategia colonial de Tiwanaku, la inferencia ha sido que los colonos Tiwanaku fueron capaces de ganar residencia en las mejores tierras. En el valle de Moquegua, el gran sitio Tiwanaku de Omo y las comunidades satélite que dominan las mejores tierras agrícolas del valle: el valle aluvial del río de Osmore, y los llanos que podían ser productivos con simples canales (Goldstein 1989:238). Un argumento similar ha sido propuesto para el valle de Azapa, donde, como en Moquegua, el asentamiento de las colonias Tiwanaku representaron una cambio marcado en los patrones de asentamiento. "Es claro" escribió Mujica et el al. (1983), "que la población Tiwanaku inicia la explotación de micro-zonas anteriormente no utilizadas por los pobladores locales como especialmente las partes medias de los valles". Mientras que Goldstein (1989:47) ha observado que las supuestas colonias Tiwanaku parecen estar situadas en micro-zonas, "caracterizadas por su potencial para la cultivación de cosechas de zonas templadas."

Desde una perspectiva diacrónica, los materiales de estilo altiplánico presentes en Cochabamba podrían indicar la escala de la complementariedad ecológica que emanaba del altiplano. Por ejemplo, si la verticalidad estuviera organizada por las aldeas y ayllus, esperaríamos ver materiales de estilo altiplánico antes y/o después del período Intermedio. En contraste, si la única evidencia del contacto con el altiplano ocurre durante el Intermedio, esto sugeriría un papel más importante de Tiwanaku como agente organizativo en el proceso de interacción.

3. Modelo de economía de prestigio

El aumento de la complejidad política en sociedades periféricas se ha observado como una consecuencia común de la interacción con entidades políticas más complejas. El aumento de la complejidad en la organización social toma forma en la aparición de un estrato de la élite o, si este estrato ya existe, del incremento del poder de las elites con un afianzamiento del poder del estado con la operación de una economía de bienes de prestigio (D'Altroy 1987; Gledhill 1978; McGuire 1989; Paynter 1981). En algunos casos tal interacción entre el centro y la periferia puede incluso conducir a la formación secundaria del estado (Price 1978).

En economías de bienes de prestigio, los artículos no locales son críticos para establecer, mantener, o realzar relaciones de poder dentro de una población (Helms 1979; Oakland 1993; Steponaitis 1991:194). Tales artículos son los materiales típicamente exóticos, productos de la especialización artesana, y que pueden llevar decoración de carácter religioso. Los artefactos de Tiwanaku del altiplano (textiles, objetos de madera, orfebrería) y los objetos que llevaban la iconografía de Tiwanaku habrían podido desempeñar tal papel en las sociedades de Cochabamba (Oakland 1985; Money 1991; Walter 1966).

Por lo tanto, podemos identificar como un resultado potencial de la interacción con la entidad política de Tiwanaku la aparición de centros políticos locales superiores en la organización de asentamientos, cambiando del patrón relativamente igualitario de aldeas (cf. Kowalewski et al. 1983). En muchas sociedades complejas, el poder y el privilegio de las elites se basa en la dominación de los procesos económicos, incluyendo la producción agrícola (Earle 1991). Si éste fuera el caso en Cochabamba, aun antes de la interacción con la entidad política de Tiwanaku, esperaríamos ver a los asentamientos de mayor orden (los sitios residenciales de elites) situados en los mejores suelos. Otras expectativas arqueológicas para una economía de bienes de prestigio para el período Intermedio pueden ser sugeridas.

Una expectativa adicional sería la diferenciación entre sitios en la composición proporcional de estilos de los conjuntos de cerámica. Específicamente, los artículos del altiplano (incluyendo cerámica de estilo Tiwanaku de fabricación no local) deberían tener una distribución jerárquica, limitada en gran parte a los sitios más grandes o a los sitios con arquitectura pública. Un patrón similar se podría observar en la distribución de la cerámica de estilo Tiwanaku en general si asumimos que las elites estarían más interesadas de exhibir materiales ligados estilísticamente a la entidad política Tiwanaku.

Una segunda expectativa adicional es que la proporción de materiales de estilo Tiwanaku debe ser baja con respecto a los estilos locales, dado que para que los artículos sean "exóticos" ellos deben, por definición, se altamente restringidos en su circulación. Tercero, se puede esperar que los asentamientos pre-Tiwanaku ubicados en los mejores suelos tengan más cerámica decorada que otros sitios, o más bienes de "prestigio". Finalmente, si vemos que los sitios que tuvieron la mayoría de materiales del estilo Tiwanaku en el período Intermedio continuan demostrando cantidades desproporcionadas de estilos extranjeros en períodos de post-Tiwanaku, entonces este modelo también sería favorecido.

4. Modelo del status quo

El modelo final es uno en el cual no ocurren cambios significativos en el asentamiento y los patrones de uso del suelo asociados con la aparición de materiales de estilo Tiwanaku. En este modelo, la interacción entre las poblaciones del altiplano y los residentes de Cochabamba no habría interrumpido patrones jerárquicos locales o patrones económicos, o generado cambios en patrones de uso del suelo y de asentamiento. Es decir la continuidad en tendencias preexistentes sugeriría que la interacción con Tiwanaku fue tal que produjo pocos efectos en la organización local.

Una correlación de este modelo sería una en la cual no ocurren diferencias significativas entre sitios en la distribución de los materiales de estilo Tiwanaku. Es decir la cerámica del "estilo Tiwanaku" ocurriría en proporciones aproximadamente similares en sitios de diferente tamaño y ubicados en diferentes zonas topográficas.

En este modelo, la distribución de los materiales de estilo Tiwanaku (principalmente localmente producidos) podría reflejar simplemente un sistema común y extenso de preferencias estilísticas. Sería sorprendente no encontrar algunas indicaciones de contacto con la entidad política Tiwanaku, pero aun en el periodo Intermedio materiales del altiplano pudieron haberse movido a Cochabamba a través de redes comerciales tradicionales, en vez de estrategias imperiales.

Este sería un "no-resultado" decepcionante en el contexto de muchos paradigmas populares en la arqueología andina. Sin embargo, encontrar que el aspecto y la distribución de los materiales de estilo Tiwanaku no era concomitante con cambios en el patrón de asentamiento y uso de suelos (por lo menos de la forma en la que los estoy tratando) abriría una puerta para aproximaciones explicativas más significativas y mayor alcance en el futuro.

Este modelo cuestionaría no sólo la hipótesis de Kolata, pero también otros modelos que consideran a la interacción con Tiwanaku como causa primigenia de cambio cultural en su periodo. Una de las implicaciones obvias de este modelo es que la distribución de materiales de estilo Tiwanaku, y, por extensión, la distribución de cualquier estilo "general" de cerámica, es una base pobre sobre la cual reconstruir procesos de interacción regional y desarrollo social, en comparación, por ejemplo, con patrones de asentamiento y uso de suelos.

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Creado: marzo 2005